Escapando de la noche

Le temo a la oscuridad. No únicamente porque mi subconsciente me engaña y reproduce figuras monstruosas en mi mente, sino porque es en la penumbra donde me desnudo. No físicamente, claro, pues mis defensas vacacionan todo el tiempo, lo que generaría en mí, una peste adormecedora de ansias de vivir.

No, hablo de desnudar mi alma, y aunque yo no lo quiera, allí están mis pensamientos volando por toda la habitación. Algunos me golpean y otros me acarician, pero me aterran aquellos que tienen la capacidad de adentrarse en mis ojos y desvanecerse en lágrimas, a esos sí que les temo, porque no me permiten pedir ayuda.

Mis gritos mudos les son indiferentes a los sordos. Por tal razón, los devoro y los llevo corriendo hasta mis brazos donde forman dibujos de olas sin corriente que curiosamente siento en mi corazón, y es allí donde viven fabricando lágrimas que pronto serán expulsadas por aquello que tanto temo. Pensamientos nocturnos.

La noche es peligrosa, y por tal razón, pocos se atreven a vivirla, el resto prefiere caer en coma y soñar un rato con memorias almacenadas en el subconsciente donde nadie tiene acceso hasta caer aletargado.

Me aterra la noche porque es allí cuando me encuentro conmigo. Y no precisamente porque tenga mucho que resolver, sino porque no encuentro nada más que un vacío, y en él no puedo aterrizar, por lo que me queda solo caer y seguir cayendo hasta que la lluvia de mis ojos cese y pueda por fin apagar los gritos de la oscuridad que lamentablemente soy capaz de escuchar.

© 2019 Ximena Mora

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