Escape


Si no sueñas, no te molestes en leerme. Sigue con eso a lo que le llamas vida.

Fue un martes el día en que mi madre me trajo al mundo, y durante 15 años deseé que eso jamás hubiese ocurrido. Su nombre era Gloria, una pobre mujer perdida, malgastando oxígeno. Curiosamente me llamó  Camila, un nombre de origen latín que significa “La que ofrece sacrificios”, ya sólo con llamarme Camila me convertía en sumisa de mi madre. Desde que tengo memoria mi madre nos obligó a trabajar a mis hermanos y a mí, siempre me subestimaba así que a mí me dejaba el más fácil de los trabajos, vender golosinas en las calles, teniendo ojos de gato atropellado nadie me podía negar un dulce. Así que puedo decir que básicamente era yo a mis 9 años quien mantenía a mis hermanos, ninguno lograba tantas cosas como yo, seguramente porque entre miseria yo era feliz. Nunca pude ver el mundo como algo horrible, para mi siempre fue maravilloso, mágico e infinito, un enigma que quería descifrar, pero… ¿cómo con tan corta edad? ¿cómo podía yo escapar de mi vida?, Cómo podía huir de mi entorno y embarcarme en una aventura con dos posibles finales; uno feliz y uno triste. Yo siempre soñé con el feliz,  y aunque aún no ha llegado, sigo soñando con él.

Recuerdo una mañana que mi madre me pidió que vendiera cuadernos y lápices. Seguramente fue el mejor día de mi vida. No pude contener la curiosidad, agarre un lápiz y seguí mis instintos para que este tocara la hoja. Sobre mi mano se creaba un mundo nuevo, estaba dibujando y no lo sabía, ¡qué maravilla contemplaban mis ojos! Podía ilustrar mis sueños y eso era mágico, así que lo robé… Le dije a Gloria que un hombre corpulento se lo había obsequiado a su hija y olvidó pagarme, eso ya era evidente, pues no tenia el dinero completo.

En las noches escuchaba a Gloria llorar, se quejaba y extrañamente le pedía a Dios que se la llevara, quería morirse, y yo me asombré por supuesto, porque ella tomó la decisión  de traernos al mundo, y ahora que estábamos en la tierra nos quería abandonar como si nuestra existencia fuese humo disipado, como si el fuego de nuestra alma no fuera más que ceniza. ¿Realmente nos odiaba? Yo nunca pedí nacer. Yo nunca fui cobarde como ella, yo amaba cada rincón conocido y por conocer de la tierra, me enamoré de la vida y nunca tuve miedo de vivirla. Amaba mis alegrías y tristezas, cosa que le extrañaba a mi madre, ya que no creía que en medio de la “miseria” se pudiese ser feliz. Para mí el lugar nunca fue horrendo, solo odiaba que mi madre quebrara mis sueños cada vez que me encontraba desarmada.

Así que por esa razón decidí escapar y dejarla a ella con su infelicidad. Yo fui en busca de la verdadera felicidad y decidida a atrapar mis sueños. Tomé una bolsa y empaqué las pocas cosas que tenía, lo planee muy bien por meses, saldría en la noche mientras todos dormían, el último autobús que pasaba, salía a las 23:30. Dejé mi preocupación y mis ataduras fuera y puse un pie sobre el autobús. Nunca me sentí tan libre. Ya sentía a la vida correr por mis piernas y subir por mi tronco hasta llegar a mi corazón donde se instaló, y vive hasta el día de hoy.

Esperaba que el destino me guiara hacia donde debía ir, siempre fui fiel creyente de él. Antes de salir tomé dinero que tenía guardado para mi escape. Con una parte pagué un lugar donde dormir en el centro de la ciudad, afortunadamente no estaba sola, tenia unos simpáticos ratones corriendo por todo el lugar, yo nunca tuve miedo de la naturaleza así que no me pareció desagradable. Al día siguiente confié en mí para poder conseguir un trabajo. Ya no me alcanzaba el dinero para pagar mi lugar de estadía, así que caminé por lugares que nunca antes había visto, vi anuncios de trabajo pero no aceptaban menores de edad, si descubrían que yo tenía 15 podría ser enviada a un reformatorio, así que ande siempre con cautela.

El primer día de búsqueda no encontré más que belleza en las callejas y las calles sucias. Regresé al hospedaje luego de haber comprado un poco de pan y leche. Dormí un poco más tranquila que la noche anterior y me desperté con mis sueños hambrientos. Esta vez estaba segura que tendría suerte en encontrar alguna señal de mi camino.

Caminé hacia el otro lado de la ciudad esperando encontrar algo de luz en mi alma,  y a tres calles de mi hospedaje choqué con una anciana,  le ayudé amablemente a levantar lo que había caído en el suelo. En eso pude ver una señal en forma de anuncio que me decía que la anciana necesitaba ayuda de aseo en su hogar. La miré a los ojos y le pregunté si yo podría ayudarle, y ella me miro curiosa de pies a cabeza, un poco dudosa, pero como si no tuviese más opción, accedió. Le estreché la mano con las gracias en mis dedos y ella amablemente me sonrió.


-Mucho gusto, Amparo y usted… ¿Cómo se llama? -Me-me llamo Camila. -¿Qué la trae por aquí tan desesperada, niña? Ese seguramente fue el momento más extraño de mi vida, sentí que todo iba en cámara lenta, le conté todo a la agradable anciana y ella amablemente me ayudó, ya sabía que su nombre no era coincidencia. -Bueno niña, no se diga más, traiga sus pertenencias que se viene a vivir conmigo. Yo inhalando oxígeno y exhalando felicidad corrí hacia mi hospedaje, tomé mis cosas y salí de nuevo hacia la casa de la anciana, allí ella me mostró su hogar completo, a sus mascotas y me advirtió de las cosas que no le gustaban, por último me condujo a mi habitación, era agradable, podría ir al baño solo abriendo una puerta.

La anciana me enseñó a hacer mi trabajo, y después de dos días ya lo tenía, vendía sus productos naturales en un estante que daba hacia la calle, limpiaba su casa, la acompañaba a comprar los alimentos y lo que más odiaba era sacar a pasear a sus perros, parecían ratas, tenían ojos gigantes y un cuerpo diminuto para su cabezota.

Yo los odiaba y ellos a mí.

Una tarde vi en su habitación un pedazo de papel y un lápiz, en el momento en que me encontraba garabateando, la anciana me encontró y curiosa me preguntó si sabía escribir, yo por supuesto no sabía, a penas hablaba.

Así que me ofreció ayuda para enseñarme, yo sin pensarlo le dije que sí, y aprendí a leer y a escribir en un tiempo relativamente corto.

Pasé  tres años con ella, y en el primer año cuando cumplí 16 me regaló un diccionario, un block de hojas y un lápiz.

Fue muy amable de su parte, nunca nadie me había hecho tan feliz.

Desde ese mismo momento comencé a escribir, desnudé mi alma y me sentí viva.

En la escritura me encontré.

A veces en mis tiempos libres leía libros de su gigante biblioteca, y mi mente volaba como ave rapaz.

Devoraba libros como pudiera, y a la vez escribía escasos poemas. Quise que las personas me conocieran así que escribía varios poemas en las noches y en las mañanas los regalaba en las calles, muchos los desechaban pero otros los guardaban como si fuesen bonos.

Me gustaba ver sus rostros, siempre ame ver las expresiones y acciones de las personas, era curioso como unos parecían ser felices y otros miserables, y más que curioso era magnífico como muchos sonreían mientras sus almas estaban siendo consumidas por la tristeza, pues en sus ojos no había nada más que dolor.

Cada día yo liberaba a mi imaginación y dejaba que las palabras se adueñaran de mí y de ella. Surgían por sí solas, no había necesidad de pensarlas. En las noches desnudaba mi alma en lo más hermoso que me había pasado, la escritura. Devoraba libros y en las mañanas me dedicaba a hacer los quehaceres, paseaba a los perros deseando que las correas mágicamente se rompieran, y también entregaba mis escritos en las calles.

Así continué 2 meses más, hasta que una noche de Julio tuve un momento de lucidez exquisito y escribí sobre el amor, era curioso que pudiera escribir acerca de él sin que yo lo hubiese sentido alguna vez. Mi imaginación no solo podía transportarme a otros lugares sino que también podía traer nuevos sentimientos a mí, sentimientos desconocidos, y… escribí acerca de él.

“- En el desierto de mi corazón eres tú la lágrima que me refresca el alma. En las noches mientras contemplo las estrellas, no puedo evitar transformar tu rostro en la más bella de ellas. Si mi cuerpo estuviese siendo invadido por el agua de tus ojos, mi corazón navegaría por las agonías hasta encontrar la tristeza que habita en tu alma. Podría escapar en un suspiro y encontrarme de nuevo contigo siendo oxígeno. Podría abrazarte siendo aire, e incluso siendo el mugre que roza tus hermosas manos. Podría amarte para siempre, pero para siempre, en este mundo mortal, no es eterno. Así que mejor inmortalizo nuestro amor y lo dejo latiendo en mi corazón”

La mañana siguiente quise que mis sentidos encontraran el lector adecuado para mi escrito de amor, y así fue, un anciano con una sonrisa cautivadora, con ojos misteriosos y manos cargando miles de recuerdos me conquistó, no hablo de conquistar amorosamente y seductoramente, el anciano conquistó mis sueños y mi imaginación, algo me decía que el hombre era un ser realmente especial, y por tal corazonada le entregué la segunda copia de mi escrito de amor.

Me sonrió y yo amablemente le regresé el gesto y me marché. Cuando estaba girando por la esquina de la calle 56 me detuvo. Aún no comprendo, cómo un hombre tan anciano y aparentemente oxidado me alcanzó a tan larga distancia en tan corto tiempo. Me tocó el hombro y se presentó - Mi nombre es Mario Cabral, encantando de conocerte, ¿Cuál es tu nombre? Yo perpleja con los nervios en mis bellos, le contesté dudosa. -Camila, mucho gusto. -¿Qué edad tienes Camila? -Tengo 18 años. -¿Hace 18 años que sueñas? Dime Camila, ¿hace cuánto tiempo que escribes? Yo estaba desconcertada, el hombre no paraba de sonreír y yo sentía su dolor en mis comisuras. Extrañamente el hombre no me asustaba, me causaba mucha curiosidad y quería conocerlo, así que continué nuestra charla. -Así es, hace 18 años sueño, y hace 2 años los plasmo en papel. -Fascinante. ¿Te gustaría tomar un café conmigo y charlar por un rato? -Está bien - contesté dudosa. Caminamos hacia el café más cercano y nos sentamos cómodos a beber. Sacó de su maleta tres libros y me los dio, no puedo explicar mi gesto de ese momento, estaba anonadada. Al verlos, estaba su nombre en la portada de cada uno. Él soltó una risa simpática y me dijo. -Mucho gusto Mario Cabral, estoy encantado de conocerte. Le estreché la mano y lo miré fijamente -¡El gusto es todo mío! -Escribes de una forma maravillosa Camila, tus letras se instalaron en mi corazón inmediatamente después de leerlas al igual que tus sueños y tu amor tocaron mi alma. Eres lo que he estado buscando por años. Me pellizqué una pierna para verificar que no fuese un sueño, e increíblemente no lo era. -Gracias Mario, yo la verdad encontré refugio en los libros y en mis escritos, siento que es mi único y verdadero amor. Sólo a ellos les soy capaz de desnudar mi alma. Mario sonreía perplejo y me miraba detallándome. -¿Te gustaría salir de nuevo a charlar conmigo? Podríamos soñar juntos si me lo permites –Dijo con una voz encantadora y desgarradora de emociones. -Claro que me encantaría, podríamos tener un día a la semana para soñar juntos.- le respondí conmocionada . -Que así sea entonces, jueves a las 17:30 en la cafetería. -Bien, fue un gusto conocerte Mario, te veo el jueves. -Hasta entonces Camila, el gusto fue todo mío. Tomó su camino y yo tomé el mío.

Nos encontramos al jueves siguiente y le preparé un escrito durante toda la semana, cuando se lo di, hizo un gesto de asombro, naturalmente no estaba esperando que yo le escribiera algo, le conté mi historia y… ¿qué mejor que escribírsela?

Mientras Mario leía, pude ver cómo una pequeña gota llena de emociones escapó de su ojo izquierdo, luego otra más grande escapó del derecho y así fue hasta que terminó de leer y luego disimuladamente con sus dedos las desapareció.

-Hermoso- dijo con una voz entrecortada.

Yo le sonreí y le dije que me gustaría saber acerca de él.

Nunca supe cómo era tener un padre pero creo que Mario era eso y mucho más, él era mi madre y mi padre y más que eso, mi ángel.

Pasaron días, semanas y meses, yo conocía más a Mario, seguíamos yendo a la cafetería, y puedo recordar bien cómo el 20 de Agosto me confió su mayor tristeza.

Sus ojos brillaban y bailaban como un manantial cuando me lo dijo.

-Camila, hay algo que no he compartido contigo, mi corazón y mi alma se hicieron trizas hoy hace 18 años, mi único y verdadero amor, Andrea, mi hija, falleció.

Un silencio espantoso se apoderó de todo el lugar y las lágrimas de Mario escaparon de sus ojos, resbalaron por sus mejillas hasta llegar a su boca, puedo jurar que en ese momento, Mario saboreo la tristeza.

Nuestra conexión era tan fuerte que pude sentir su dolor, e inmediatamente le dije

-Mario si no quieres hablar de esto, no tienes por qué hacerlo.

-No, esta bien, quiero compartirlo contigo, me recuerdas mucho a ella,

Andrea se fue cuando tenía tu edad, era maravillosa, era la luz de mis ojos, la llama de mi corazón, tenía los ojos más hermosos que he visto, podía penetrar tu alma con sólo mirarte, era mágica. Fue en un viaje, yo sabía que no debía ir, lo sentí, sentí vibrar mis nervios con la idea de que ella estuviera en un lugar tan apartado con sus amigos, pero a ella no le podía decir que no y menos si iba a ser feliz, así que le dije que tuviera cuidado y se comunicara constantemente conmigo.

Su madre había fallecido 10 años antes, este fue un golpe realmente duro a mi alma, me desbaraté completamente pero Andrea reconstruyo mi alma con su amor, fue curioso que fuese ella quien me diera fuerza y no yo a ella.

Desde ese día le prometí que nunca la dejaría sola, y me encargaría de hacerla feliz y así fue hasta aquel día.

Eran las 19:23 y yo me encontraba en mi cama leyendo unos viejos libros, de repente recibí una llamada de un número desconocido, yo no respondo a estos números pero extrañamente lo hice cuando este llamó.

-Buenas noches, ¿señor Mario?

-Sí, habla con él. -Señor Mario lamento informarle que su hija Andrea ha tenido un accidente en carretera, en este momento estamos en camino al hospital San Jorge.- Y corté. Tan pronto como escuché hacia donde se dirigía agarre las llaves de mi auto, cosa que no debí haber hecho con los nervios de punta, y salí de mi casa, maneje tan rápido como el motor me lo permitió, y llegué. En ese momento sentí que mi alma se desprendía de mi cuerpo,  sentía mi cuerpo hecho una pluma. Entré, me anuncié y me dirigí hacia la habitación en donde estaba, tenía su cabeza protegida por una venda y  su pierna izquierda enyesada, sus ojos estaban hinchados y su cuello simulaba ser gelatina, al verla en ese estado mi alma se partió en dos, quise morir para revivir y volverme a morir, quise tragarme el mundo, quise arrancarme el corazón, quise haberla detenido, quise incendiar la clínica, quise estar en su lugar, quise salvarla, pero ese fue mi mayor error que lo quise, lo quise mucho pero no lo hice, así que condené mi alma y mi corazón al eterno sufrimiento, ese que me sacude la memoria cada día para recordarme de lo estúpido que fui y lo mucho que me he odiado a mi mismo desde aquel día. No creo que pueda perdonármelo alguna vez. Ella falleció al día siguiente, su cuerpo no aguantó tanto dolor. Me levanté pensando que todo había sido una pesadilla, pero desgraciadamente la muerte se había enamorado del ser más puro que pudo habitar en el mundo. Siempre tuve eso como consuelo, ella era un ángel, una luz inextinguible, por tal razón no podía estar en este hoyo lleno de personas vacías. Lloré tanto, que llegué hasta la sequía de mi alma, eso sin duda, perderla, fue lo peor que le pasó a mi vida.

Sus lagrimas salieron en carrera por sus mejillas, corrían tantas que parecía ser una maratón. Su fuerte muralla se destruyó en los tres minutos que tardó en compartir el recuerdo de Andrea conmigo. No pude contenerme y rompí a llorar, sus ojos no mentían, yo sabía que Mario estaba destruido, y lo que más me dolía era que no podía hacer nada por él, Andrea no podía volver, así que tenía que aceptar el hecho de que su cuerpo físico ya no habitara en el mundo, pero eso no significaba que ella ya no estuviese con él. Su amor vivía y latía en su corazón, y esa es la magia del amor, te levanta una y mil veces , te mantiene con la cabeza erguida y los sueños despiertos. Puedes perderlo todo pero si hay amor circulando por todo tu cuerpo y alma puedes encontrar la luz que te sacará del agujero negro en el que has entrado. Le tomé la mano izquierda a Mario, la acaricié como si su corazón estuviera en su piel y le sonreí, el me regaló una sonrisa de vuelta y dijo -Gracias. -¿Por qué gracias, Mario? -Por devolverme la luz que creía perdida en el vacío de mi alma. -Parece que ambos hemos encontrado salvación en el otro- Le dije con mis pupilas bailando entre lágrimas. El sonrió, apretó mi mano y con voz suave me dijo -Hasta el jueves, me gustaría encontrarme con un sueño hermoso plasmado en papel, ¿te importaría regalarme uno? Solté una risa de felicidad y le dije -Te traeré un hermoso sueño. Me levanté, lo miré, sonreí y me marché a casa de Amparo. Cuando llegué a casa, la llamé y extrañamente no respondió, ella solía decirme “¡arriba María!” Aún no puedo entender por qué me decía María si mi nombre es Camila (sumisa). Subí a su habitación para verificar que Amparo estuviera bien y cuando pasé a través del marco de su puerta, ella estaba inconsciente en el suelo, no puedo describir lo que sentí en ese momento. Una ráfaga de viento traspasó mi alma y convirtió mi cuerpo en polvo. Levanté rápidamente su cuerpo y afortunadamente su corazón estaba latiendo, pude sentir las pulsaciones en sus muñecas. Su cuerpo estaba increíblemente débil y huesudo, creía estar levantando un cadáver. Llamé a una ambulancia y afortunadamente no tardó en llegar. Los paramédicos levantaron el débil cuerpo de Amparo y lo pusieron sobre la camilla, tuve el privilegio de ir en su ambulancia, ella no tenía a nadie más, del que yo supiera… Cuando llegamos al hospital la atendieron rápidamente y yo esperé en la sala de espera. Después de una hora y media el doctor me informó que Amparo estaba bien, y me dirigí a la habitación en la que se encontraba. Allí estaba ella, mirando hacia la ventana con sus ojos perdidos y su mente probablemente vagando entre recuerdos. Le tomé la mano y sus nervios reaccionaron al instante, sus ojos penetraron mi alma y sentí un escalofrío correr por mi cuerpo, mis labios difícilmente se movieron. -Amparo… Un silencio prolongado se apoderó de la habitación -¿Esta bien? Sus ojos miraban confusos, pero sus labios no reaccionaban. El doctor entró y me informó que Amparo estaba en shock, el golpe en su cabeza fue tan fuerte que sus nervios estaban intentando calmarse, pero no pudieron y decidieron borrarlo todo. No entendía qué estaba pasando con Amparo, el día anterior la vi lúcida como siempre, compramos los víveres, charlamos y jugamos ajedrez.  Y luego sólo estaba esta desconocida con sus ojos en el cielo. Le pregunté al doctor sobre Amparo y esta situación en la que se encontraba. Su versión de los hechos, ya que nadie sabía exactamente lo que había ocurrido, fue que ella dormía mientras que sus sueños agitaban su subconsciente y mientras que ella soñaba que caía de algún lugar, sus nervios reaccionaron de la misma forma, pero su cuerpo saltó tanto que cayó de la cama y su cabeza chocó contra la mesa que estaba junto a ella. Según el doctor, yo llegué minutos después de que esto ocurriera, si no hubiese caminado tan lento la habría podido salvar, pero no fue así. Allí estaba ella en máxima observación, lista para ser remitida a psiquiatría. Llegué tarde y vi las consecuencias. El doctor dijo que probablemente debía ser enviada a un lugar de reposo. En esos días de toma de decisiones llegó un sobrino lejano de Amparo y protestó por sus pertenencias, lo más probable era que Amparo no saliera de ese lugar hasta fallecer y perder completamente la cabeza, así que de esa forma se salió con las suyas y “heredó” las pertenencias que no le pertenecían, se robó hasta sus perros. Amparo, luego de haber sido robada legalmente, fue trasladada a un centro de psiquiatría, tuve que despedirme de ella para siempre. Y… ¿Yo? ¿Dónde quedé yo? A él no le importó en absoluto que yo no tuviera nada en el mundo, ya no tenía hogar, no tenía trabajo, no tenía amiga, no tenía nada, excepto a Mario, y pensé “¿Podría yo vivir con Mario? Pero esfumé la idea inmediatamente de mi cabeza. No sería justo con Mario ser una carga para él, así que salí en busca de un trabajo real, yo ya era mayor de edad y sería más sencillo, o eso pensé, pero realmente no lo fue. No quería decirle a Mario lo que ocurría, y  volví al antiguo lugar de estadía con los ratones. Dejar a Amparo fue uno de los dolores más grandes de mi vida, por mi culpa ella estaba en ese horrible lugar, la trataban como a un bebé y ella no lo era, no era justo, nada era justo, o eso pensaba yo en ese momento. Yo debí sufrir el golpe y no ella.

En mi búsqueda de trabajo encontré gran variedad pero decidí tomar el de atención al cliente. Era el más adecuado para mí ya que yo no sabía hacer nada más que soñar, escribir, leer y vender. Aunque afortunadamente ya sabía algo que no fuera sobornar a las personas con mis ojos de gato atropellado. Me dieron el trabajo, era demasiado aburridor el hecho de estar sentada todo el día recibiendo llamadas, sentía cómo el tedio se adueñaba de mi cuerpo, pero tenía que hacerlo pues las opciones eran muy limitadas para mí. Ese jueves no pude ver a Mario, tenía personas que atender, así que le dejé una carta. No podía decirle a Mario lo que estaba pasando en mi vida, él seguramente habría hecho todo por ayudarme y yo no quería eso, quería hacerlo sola, como lo había estado haciendo a lo largo de mi vida. Pero ocurrió algo no deseado. El martes recibí una llamada de un hombre preguntando por información general. Inmediatamente di un golpe inconsciente en la mesa, era Mario quien estaba pidiendo información y el supo al instante que era yo al otro lado de la línea, colgué rápidamente y mi cuerpo quedo petrificado en la silla. Continué el día con mis nervios de punta y despistada, muchos clientes me gritaron por mi falta de concentración e interés, pero aún así no dejé el puesto. La motivación empujó mi corazón a bombear sueños y sangre. A la salida fui directo a mi hospedaje y me acosté en la cama, tomé un respiro profundo y caí dormida. Al siguiente día me levanté tarde porque olvidé poner la alarma, y corrí tan rápido como pude, mi jefe me perdonó mi falta y continué con mi labor. Todo iba normal hasta que Marta, mi compañera de trabajo, me pasó una llamada, ya supuse quien era. Tomé la llamada y estaba en lo cierto, Mario me esperaba al otro lado de la línea, mis manos estaban temblorosas, no imaginaba lo que me diría. -¿Hola? -¿Por qué no me dijiste que trabajabas en este lugar? -Lo siento Mario, en este momento no puedo hablar contigo. -Mañana en el mismo lugar a la misma hora, te espero. Y colgó. No podía faltar, tenía que explicarle lo que pasaba sin que se involucrara, de igual forma Mario era sólo un amigo, pero era bastante extraño que yo lo quisiera tanto como a un padre, y estoy segura que él me quería como a una hija, no tanto como a Andrea, pero me quería. Así que llegué el jueves a verlo, él como siempre estaba sentado al fondo en la silla más cómoda de todo el lugar, pidió un granizado para cada uno y amablemente me pidió que me sentara. Así lo hice, y en el momento en que las palabras iban a salir libres de mi boca, me interrumpió. -¿Qué esta pasando Camila? Él tenía poder en mí, y en ese momento en que me preguntó, no pude aguantar más y dejé en libertad a mis lágrimas. Tomó mi mano y con voz suave intentó calmarme. -Podemos caminar y tomar aire si quieres. -Sí, creo que así estaría mejor.- le dije Mario pagó la cuenta y salimos a recibir abrazos del aire, nos detuvimos en un parque hermoso, y allí nos sentamos en una silla que daba a una fuente. -¿Te encuentras mejor?-Dijo Mario alentándome. -Si, eso creo. -Ahora puedes decirme, ¿qué es lo que pasa? ¿Puedo ayudarte? -Mario, el alma de Amparo se perdió. Miré sus ojos y estaban hundidos en tristeza, no sabía qué decir, así que yo continué hablando. -Hace unos días, Amparo tuvo un accidente, ella cayó de su cama y golpeó fuertemente su cabeza, quedó inconsciente y perdió la memoria, no recuerda ni su nombre, así que la trasladaron a un centro de psiquiatría, y allí está, pero no puedo visitarla, no tenemos ningún parentesco, mientras esto ocurría su sobrino se adueñó de todo, y me dejó sin nada, no tengo nada Mario, estoy trabajando allí porque necesito pagar el lugar en el que estoy viviendo, el lugar del que te conté antes de conocer a Amparo, estoy trabajando en Atención al cliente porque necesito pagar el lugar, necesito comer, necesito comprar mis hojas y lápices. No puedo quedarme de brazos cruzados viendo cómo el tiempo roba mi vida. Tengo que competir con él y ganarle. -¿Por qué no viniste a mí? Pude ayudarte, bueno… puedo ayudarte. No voy a dejar que sigas viviendo allí, ven a vivir conmigo Camila. No tienes por qué preocuparte, yo puedo conseguir un trabajo para ti, puedo enseñarte todo lo que necesites saber, puedo ser un padre y tu mejor amigo. Por unos minutos sentí que el mundo se detuvo, mis sentidos se apagaron, no podía ver, escuchar o siquiera moverme. ¿Acaso dijo “Padre”? fue un poco incómodo, pero hermoso. Ya lo sentía así. -Camila, no puedo permitir que hagas esto, déjame ayudarte, déjame entrar. -¿A qué te refieres con dejarte entrar? - A tu corazón, tienes una barrera protegida por recuerdos dolorosos, y yo no te voy a hacer daño, quiero esfumarlos. -Eso no me lo puedes asegurar, nadie puede hacer eso. -Puedo cuidar de ti, puedo ser tu amigo, no tengas miedo. Mis ojos volvieron a hundirse en lágrimas, y en ese momento me di cuenta de la infinidad de ellas y de su belleza. Contienen miles de sentimientos, y cuando ya no pueden aguantar más, huyen. Se deslizan sobre nuestro rostro dejando huella de que ellas estuvieron allí, no nos dañan, solamente nos acompañan. -Ven conmigo Camila.-Insistió Lo abracé entre lágrimas y escasas palabras salieron de mi boca -Gracias Mario, gracias por llegar a mi vida. Él me abrazó y sentí eso de lo que todos hablan llamado, amor. Me sentí protegida, amada, feliz, me sentí viva.

Accedí a vivir con Mario, me hizo prometerle que iba a renunciar a mi trabajo y así fue, ese mismo día le dije a mi jefe que no volvería, y le agradecí por darme esa oportunidad. Mario de inmediato me llevó a su casa, era hermosa, de ensueño, tenía jardines hermosos con mariposas volando por todo el lugar, sin duda era la casa de un soñador. Me enseñó mi habitación, dijo que podía acomodarla como yo quisiera, y en esos días me condujo hacia un lugar donde vendían objetos para el hogar, estando allá me dijo que tomara lo que quisiera, el quería que yo me sintiese cómoda en mi nuevo hogar. Escogimos las cosas juntos, pues ahora seria nuestro hogar. Pasamos días arreglando la casa juntos como nos gustaba, escribimos, pintamos, y bromeamos. Nunca me sentí tan feliz como lo hacia estando con él. Me hacia sentir valiosa y menos sola. 

Mario realizó algunas llamadas y entre los miles de contactos que tenía me dieron trabajo en un periódico haciendo lo que me apasiona, escribir. Era increíble cómo todo cambiaba tan rápido, me sentía realmente afortunada, lo mejor que le pasó a mi vida fue esa corazonada. Mario, mi ángel.

Tuve una entrevista con el amigo de Mario, y conseguí el trabajo, comencé al día siguiente, no sé que le dijo Mario pero conseguí la columna poética. Todo parecía ser mentira, Mario, mi trabajo, mi casa. Mis sueños estaban haciéndose realidad. Así continué por un largo tiempo. Mario y yo éramos felices, los jueves seguíamos yendo al café, leíamos, escribíamos juntos, compartíamos pensamientos, me llevaba a conocer nuevos lugares de la ciudad y en las noches me daba clases. Me enseñaba Geografía, historia, política, biología, filosofía, lenguaje, música y un poco de matemáticas. Pero nunca pude comprender  cómo Mario pudo aprender todo lo que sabía, él era una biblioteca completa, su capacidad de conocimiento era envidiable. No existía  pregunta que él no pudiera responder. Aprendí más de lo que necesitaba,  y más que cualquier cosa, Mario me enseñó a vivir y a soñar. Mario me enseñó lo que es la felicidad, me enseñó a volar y a leer los ojos.

En mi cumpleaños 22  me llevó al lugar más hermoso que he visto hasta ahora, no creí encontrar un lugar así en la tierra, era surreal, era un sueño. Mario era un sueño, un sueño hecho realidad. Pero parece que no todos los sueños se quedan con nosotros por siempre. Mario enfermó el 23 de Julio, de ese mismo año, un virus iba tras su cuerpo y lo alcanzó, el veneno que traía se instaló en los órganos de Mario, y rápidamente fue debilitándose, ya no podía moverse de la misma forma, ahora tenía que guiarlo yo a él. Yo lo alimentaba, le leía, le daba la medicina y lo cuidaba, pero nada funcionaba, Mario empeoraba, su cuerpo se arrugaba cada día más, sus músculos se esfumaban tan rápido como sus alientos,  su memoria se estaba estropeando al igual que sus reflejos,  la luz de sus ojos se estaba apagando, y nada me dolía más que ver que la llama de su corazón se estaba extinguiendo, que sus sueños escapaban de el, para ser de otro. Mario estaba sufriendo, estaba perdiéndose a sí mismo, su cuerpo iba por un lado y su alma por otro, ¿cómo podía yo encontrar su alma sin ayuda de su cuerpo? No podía. Y fue así como Mario fue desapareciendo del mundo, en pedazos, lentamente, despidiéndose de mi, dándome abrazos y dedicaciones. Me tocaba la mano y me regalaba amor, me miraba y sabía en qué pensaba, me hablaba y me daba fuerza. Mario, me regaló vida y yo muerte. Ahí estaba yo, viendo cómo ella, la muerte,  bailaba para él, así como lo hizo para su hija Andrea, daba golpes que ni un genio como Mario podía esquivar. Se enamoró de los dos y se los llevó. El alma de Mario desapareció totalmente de su cuerpo el 23 de Abril del año siguiente. Mi vida quedó en receso, mi alma se congeló, sólo mi cuerpo reaccionaba gracias a mis músculos inconscientes. Creo que no existe un dolor más fuerte que ser engañado con la muerte. En ese momento entendí a Mario cuando me dijo que había llegado a la sequía de su corazón. Ahí estaba yo, perdida en el desierto de mi alma, viendo su cuerpo ser enviado debajo de un montón de tierra, encerrado. Y me preguntaba “¿Dónde estará su alma? ¿Me estará mirando?” Pero era imposible de saber. Por primera vez en mi vida sentí que se había roto mi corazón.

Días después de despedir a Mario, regresé a casa, era realmente extraño y solitario. Las paredes parecían tener oídos, porque todo lo repetían. Busqué entre los papeles de Mario,  necesitaba encontrar algo, no sabía qué hacer con sus pertenencias, así que busqué en su estudio y encontré un sobre con varios papeles. Allí estaba su testamento, unas fotos de Andrea y una carta para mí. Mis manos temblaban, y mis ojos después de mucho tiempo volvieron a encontrarse con las lágrimas.

Abrí la carta y decía:

-“Camila, si estas leyendo esto probablemente, mi alma esté conociendo lugares no autorizados para mortales, no tengas miedo, no estas sola, yo estoy contigo, siempre. Que tus ojos no me puedan ver no significa que yo no esté ahí, recuerda que ellos son engañosos, mira a través de tu corazón allí estoy yo, te cuidaré desde donde esté. Solo quiero agradecerte por haberme devuelto la vida, no te culpes por nada de lo que pasó, tu solo eres culpable de mi felicidad. Sigue fabricando sueños, continua escribiendo y regalando amor, no olvides quién eres y qué quieres, tu verdadero amor esta allá afuera buscándote, deja que te encuentre, ama, hasta convertirte en lo amado. Y por favor acepta mi testamento, todo lo que alguna vez fue mío, ahora es tuyo, ámalo y cuídalo como yo lo hice. Gracias por encender la llama de mi corazón, gracias por compartir parte de tu vida conmigo. Adiós Camila, te veo en tus sueños, cuando quieras, allí estaré, o búscame en el café.- Con amor Mario Cabral.”

Mis lágrimas bañaron mi alma y mi cuerpo, Mario puede irse tranquilo porque lo amé hasta la muerte. Así fue, continué trabajando en el periódico, seguí yendo a casa, pero era extraño el silencio y la soledad, no podía acostumbrarme. Pasó un largo tiempo y un día normal mientras desayunaba en el café vi un curioso perro mirándome a través de la ventana, salí y le regalé un poco de comida, al conectarme con los ojos del perro pude sentir electricidad por todo mi cuerpo y automáticamente una imagen de Mario llegó a mi cerebro. El perro se acercó a mí y puso su cabeza sobre mi pecho, ¡estaba escuchando mi corazón, podía sentir la melodía que seguía, el perro retrocedió y me miró, yo lo abracé, pude jurar que era Mario quien estaba ahí, pero… ¿Cómo logró llegar hasta mí? Y volví a verificar que Mario podía darle respuesta a cualquier pregunta que yo tuviera. Pues me encontró. Existen millones de preguntas sin respuesta y esto es lo que hace realmente interesante nuestra existencia, como el amor. El hermoso amor que  transforma tu alma en algo realmente bello y especial, sin el amor, el mundo no sería más que perdición.

Ahora, después de varios años de despedir a Mario, encontré un trabajo mejor que me permite también escribir mis libros. Encontré al amor y no hay nada de qué temer, es el sentimiento más bello y puro de todos. Estar enamorada me hace sentir que floto, me hace fuerte y valiente, ahora soy capaz de hacer cosas que antes no habrían pasado siquiera por mi mente. También debo decir que con el dinero de mi trabajo como editora, y escritora, creé una institución educativa, donde trato de hacer lo mejor que puedo para formar a los niños como arquitectos de sueños. No existe nada imposible, por más lejano que parezca, los sueños se hacen realidad, pero sólo si estas dispuesto a aventurarte en este hermoso viaje de la vida.

© 2019 Ximena Mora

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