© 2019 Ximena Mora

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Las memorias de Antej

Cuando amas y crees en algo seguramente podrás lograrlo.  Hace varios meses borré todo pensamiento que habitaba en mi mente para así poder entregar mi alma a lo que más amo; Escribir.  Me dedique días y noches en escribir esta historia que aún no he terminado, investigué lugares de Alemania perfectos para mi historia, igualmente busque nombres Alemanes y Polacos perfectos para mis personajes. Hace varios meses dejé mi vida a un lado para vivir la historia de mis personajes y eso me hace realmente feliz, porque gracias a mi amor y dedicación mi cuento “ Las Memorias De Antej ” fue semifinalista en el Séptimo Concurso Nacional de Cuento. Quiero compartir esta historia, quiero compartir mi felicidad.  Este es el comienzo de la historia que Antej irá narrando, pues son sus recuerdos los que nos irá contando.  Escribo esto ahora, mañana se habrá esfumado.  

He recorrido cada espacio de mi mente esperando encontrarte y así  a la vez encontrarme. He corrido millones de veces dentro de mi, esperando poder salir. He reído sin parar siendo engañada por un mundo que no es real.

Pero cuando el tiempo por fin logre atraparme, allí estaré contigo. Cuando la muerte lenta y suavemente se enamore de mí, sabré a donde ir.  Y de esa forma podré ser feliz.

Escribo esto ahora, mañana será tarde. 

Te he buscado por los rincones de mi habitación guardando la esperanza que un día aparezcas bajo mi cama como lo hacías años atrás, cuando nada ni nadie nos podía destruir, cuando ambos éramos simples humanos enamorados del mundo, viéndolo girar al mismo ritmo cada día, ahogándonos en la monotonía, siendo presos de la sociedad, quemándonos la vida. Pero aun así nada nos dolía, nuestro amor nos acogía, nos daba fuerza y nos enamorábamos más cada día. 

Escribo esto ahora, mañana estará muerto. 

No existe amor más egoísta que el nuestro, tu mueres, yo te olvido, tu me olvidas, yo muero y con ello los recuerdos que habitaron en nuestros cuerpos. No tiene sentido alguno y es lo más bello de nosotros, que sin pensarlo ya éramos uno.

Escribo esto ahora, mañana estará preso. 

Recuerdo aquel día lluvioso en Colonia, yo corría descalza buscando una salida, Corría sin saber que sería el mejor día de mi vida.  A lo largo de la calle podía ver una silueta perfectamente definida acercándose a mi, caminaba un poco perdida, sus pies se encontraban uno con el otro casi a propósito para golpearse entre ellos, levante la miraba y pude ver dos manos juntas acariciando un libro de portada azul, subí más y pude ver unos labios formando una eme, subí un poco y ya pude ver dos hermosos ojos azules que sin pensarlo o imaginarlo se encontraron con los míos. En ese momento me sentí infinita, casi suspendida en el aire, volando y a la vez nadando.  Cerro su libro y  tomó 3 minutos para perderse conmigo, sus cordones mojados también se habían detenido. De pronto vi cómo rotaba la comisura de su boca hacia arriba, regalándome la más bella sonrisa.  Ninguno hablo, habría arruinado nuestro encuentro, el tomo un pedazo de papel de su libro, escribió sobre él y fue caminando hacia mí sin dejar de sonreír.  Rozando lentamente mi cuerpo dejo caer su mano sobre la mía y sobre mi palma dejo el pedazo de carta. Siguió caminando sin decir nada, voltee y lo vi marcharse, de repente sentí una tristeza infinita que abundaba en mis huesos.  Abrí el pedazo de papel y mis ojos se volvieron neblina, pero a la vez me sentí viva.  Camine a casa agotada y bañada por la lluvia, con los sueños despiertos y el corazón abierto.  Recordaba todo lo que estaba escrito en el papel y me sumergía en sus ojos.  

- Que la luna te bañe con su hermosa luz cuando tengas miedo, que el sol te arrope y te caliente cuando pierdas el deseo, que las estrellas te guíen con su musicalidad y suavidad hacia tu hogar mientras yo te escribo para ayudarte a volar. Si el destino nos quiere juntos ya nos encontrara, te espero en mi futuro bella ave del mar.

Escribo esto ahora, mañana se ocultara. 

Camine meses por la avenida, soñándote día a día y respirando alegría. Pero dicen que entre más buscas algo mas lejos estas de encontrarlo… Y así fue contigo querido, agrio como el vino y suave como el lino fue nuestro destino. 

En esos meses largos y ásperos no tuve más que infortunios, mi amor a primera vista había huido a un lugar desconocido, se había perdido en recuerdos prohibidos y sentimientos escondidos.  En mi país estaban reclutando hombres para crear una guerra, estaban atando almas a armas, uniéndolas para crear el dolor, desolación y ambición, creando monstruos sin corazón o interés alguno por una nación.  Mi corazón débil como un vaso de cristal no podía aguantar más y tenia que gritar.  Pero fue en ese momento en el que me estaba ahogando en mis pensamientos cuando mi padre me anuncio que se había unido a ellos, que estaba de acuerdo con robar risas, matar sueños y destruir pueblos enteros.  Sentí cómo lentamente mi corazón se quebraba, dolía como una cortada en la encía,  pero crecía como una caída desde el edificio más alto de Colonia. 

Sentía vergüenza de llevar su apellido, quería quemarlo y atarlo a un árbol donde el sol absorbiera su energía y esperanzas de vida.  Me hervía la sangre y no había lugar ni tiempo para calmarme, jamás me sentí tan sola y devastada, mi propio padre me había traicionado, había optado por destruir el mundo y yo no podía hacer más que gritar y dejar caer lagrimas sobre mi rostro, esperando que algo acabara con mi vida, pero ya este mundo no tiene salida. Me pregunte ¿Por qué yo? y es una pregunta que nos hacemos frecuentemente cuando sentimos que se nos acaba el aire, cuando nada tiene explicación y sólo elige chocarnos, haciéndonos ver ridículos ante la sociedad con los ojos rosas, la nariz quebrada y los sueños destruidos. Sentí que el mundo estaba en mi contra, que mis amigos y familiares iban por la derecha mientras yo me perdía en la izquierda. Que si hay desigualdad social es por por tener mas ambición que amor en nuestro corazón.

¿Cómo podría tener de padre a un monstruo nazi? ¿Cómo podría tener yo una vida mientras el creaba estrategias para coleccionar suspiros?  Si mi madre hubiese estado allí nada de eso habría ocurrido, ninguno de los dos se habría perdido y aun nos conservaríamos cálidos y tranquilos. 

La hepatitis me la quito de los brazos hace cinco años, cuando llevaba tan solo doce años habitando este extraño planeta.  Me la robo sin piedad, sin previo aviso, no envío cartas, no llamo, no toco a la puerta, simplemente se la llevo y destrozo mi pequeño y frágil corazón, obligándome a convertirme en algo que nunca espere, algo que ni siquiera soñé. 

Escribo esto ahora, mañana se congelará

Cuando decidí dejar de buscarte, perdiendo toda esperanza de poder encontrarte, allí regresaste. Como un ángel llegaste justo cuando estaba apunto de derrumbarme.  Estaba huyendo como la primera vez que te vi pero esta vez me acompañaban lagrimas en los ojos, todo me decía que para encontrarte debía arruinar parte de mi vida, para que así tu le dieras algún sentido.  Te sentaste en una banca que daba a la calle, llovía y se hacia tarde, pero nada podía alejarte, en 10 pasos podía atraparte.  Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho y levantaste la cara para ver quien se acercaba. Esta vez nos perdimos por 5 minutos y no había sido suficiente por los diez meses perdidos que había estado pasando imaginándome contigo. Me senté a tu lado, extendí mi mano y suavemente deje el papel que había estado guardando hasta ese momento en tu mano.

- Ni la muerte ni el destino nos atraparan, porque somos aves libres que vuelan deprisa como una estrella fugaz. 

Me senté junto a ti sin nada que decir, sólo tenia en mente que esta vez no te dejaría ir.  Busque algo para contarte, tal vez una historia corta, o incluso preguntarte tu nombre, pero mis labios no se movían, había algo que lo impedía.  Por suerte tu ya estabas preparado para llevarme y acompañarme en todos mis viajes, ya sabias como alegrarme o incluso molestarme.  No importo verte solo una vez, yo sentí que pertenecías a mi ser, como una vena o un riñón, pero más que todo, sentía que eras mi corazón.  Me preguntaste mi nombre y ahí fue cuando supe el tuyo. Kolby, Kolby de pelo oscuro y sentimientos ocultos.  Kolby el soñador que me decía que los humanos debemos descansar cuando llegue el final, cuando la muerte venga y nos diga que ya tuvimos nuestro tiempo respirando junto a la sociedad. Kolby que en dos años se convirtió en mi aire, tierra y sol. 

Escribo esto ahora, mañana se quebrará

Como siempre todos los jueves nos sentábamos en una banca en el Rheinpark pensando en cómo sanar el mundo y darle un respiro profundo.  Pensando en nuestro futuro y en cómo poder recorrer el mundo sin perdernos un segundo. 

Nos sentamos y  empezó a charlar como lo hacía usualmente, con un tono suave y los ojos grandes. Pero esta vez sentí que ellos me mentían, estaba ahogándome y cayendo al mismo tiempo. De repente una pequeña lagrima se escapo de su ojo derecho, tome su mano y la bese, sin esperarlo volteo todo su cuerpo y en su pecho vi una estrella... 

Jamas sentí tanto dolor como aquel día, sentí que me arrancaban el corazón con pinzas, que lo apretujaban y sin piedad lo lanzaban al suelo a pisotearlo, me exprimían los recuerdos y me dejaban inconsciente en la banca, yo perdí. 

“Judío” decía en la estrella, Judío y nunca tuve tantos deseos de dejar de respirar.  Nunca había deseado tanto mi muerte física.  Dolió más que 3 disparos a una pierna, dolió más que una gran cortada en la lengua. Dolió, realmente me dolió. 

Ninguno pudo contener el llanto, así que nos apoyamos, prometimos que el hecho de ser “enemigos” no nos iba a alejar, que ninguno de los dos se iba a apartar. 

Inventamos estrategias para huir, queríamos escapar del país pero ya era tarde, ninguno de los dos tenia permiso para marcharse. Lo ultimo que pudimos hacer fue vivir juntos escondidos en Porz, en una pequeña casa, le dije a mi padre que viviría yo sola en lugar tranquilo, ya era mayor de edad para elegir.

Allí vivimos un año, él se ocultaba bajo la cama cada vez que alguien tocaba por miedo a que se lo llevaran.  Juntos construimos un sótano de escondite, teníamos todas sus cosas allí guardadas, era casi inhumano que alguien pudiera encontrarlo. 

Kolby no había salido en seis meses y decidió escribir un diario para matar sus monstruos que lo estaban volviendo loco. 

Me enamore de el, me encontre en el, soñé con el y vivi por el.

Escribo esto ahora, mañana lo olvidare

Recuerdo aquella noche fría y tenebrosa cuando tocaron la campana, nuestros ojos se encontraron automáticamente y pude notar que en sus ojos reinaba el miedo y el dolor mientras que en los míos gobernaba la preocupación, de repente abrieron la puerta bruscamente y todo lo que pude ver fue un arma apuntando a su cabeza. 

Yo llevaba un vestido blanco y él un smoking con corbata desaliñada. Mis ojos se convirtieron en un mar de lagrimas que ni siquiera Kolby podía pararlas. Tomo mi mano para darme tranquilidad y en ese segundo, en ese respiro, en ese momento se detuvo el tiempo, una bala venia a buscarle y ambos sabíamos que le encontraría. Sus labios rosados y suaves se encontraron con los míos. Hubiera deseado que ese momento fuese infinito pero todo lo que puedo decir es que la vida se me escapo en un suspiro.